by AndesPow

El Ridding Femenino

El snowboard nació dentro de una cultura profundamente masculina. S...
El Ridding Femenino

El snowboard nació dentro de una cultura profundamente masculina. Sus primeros códigos estaban ligados a la rebeldía, la
exposición, la agresividad física y la idea de soportar el miedo sin mostrar vulnerabilidad. Además, el deporte heredó códigos de
otras culturas masculinas como el skate, surf, motocross, punk... entre otros. Ambientes históricamente dominados por hombres
jóvenes donde destacaban ideales como “mandarse”, desafiar a la autoridad, exponerse, aguantar golpes, competir físicamente
o mostrarse indestructible.


Desde los inicios del deporte las montañas rechazaban a los snowboarders, tal es así
que en los 80, muchísimos centros de esquí prohibían el snowboard (aun existen
varios que lo siguen prohibiendo). Los snowboarders entonces eran vistos como
peligrosos, desordenados e inmaduros. Eso fortaleció todavía más la identidad
contracultural masculina del snowboard.
Las mujeres estuvieron presentes desde los comienzos, pero durante mucho tiempo
ocuparon un lugar secundario dentro de la industria, las competencias y los medios.
Muchas veces no se esperaba que fueran atletas completas, sino acompañantes,
excepciones o versiones adaptadas del rider masculino.
Entender esta historia es importante porque muchas de las dificultades que todavía
atraviesan las riders no aparecen por falta de capacidad. Aparecen porque el deporte
fue construido durante décadas desde una sola manera de entender el rendimiento, el riesgo y la fortaleza.
Pero poco a poco las mujeres fuimos tomando lugar, y abriéndonos espacio entre las marcas que empezaron a contemplar la
oferta femenina. Incluso al día de hoy aun enfrentamos los vestigios de esta tendencia en una menor oferta en material de alta
gamma pensado en mujeres.

Somos Únicas

Si pensamos en el crecimiento del riding femenino, no podemos ignorar
que las mujeres no necesariamente vivimos el deporte de la misma manera
que los hombres. Y entender esas diferencias es fundamental, no para
limitar el rendimiento femenino, sino todo lo contrario, para potenciarlo y
expandirlo, pero desde una mirada amigable con nuestra naturaleza.
Hablar de diferencias no es hablar de capacidades inferiores. Es entender
que somos distintas, física, fisiológica, psicológica y socialmente. Y todo este
combo influye estrictamente en la forma en la que nos relacionamos con el
deporte y la montaña.
Entender las diferencias no divide el deporte. Lo hace más inteligente.
Muchas riders empiezan a notar con los años que su relación con la montaña no es exactamente igual todos los días. Hay
momentos de mayor explosividad, confianza y tolerancia al estrés, y otros donde el cuerpo pide más sensibilidad, más lectura o
más conservación de energía. Durante mucho tiempo, estas variaciones fueron interpretadas como falta de constancia o
debilidad. Hoy empezamos a tener conciencia de que la fisiología femenina influye directamente en la manera en que el cuerpo
responde al esfuerzo, al miedo, a la recuperación, entre muchas otras cosas.
Quizás uno de los cambios más importantes en el riding femenino aparece cuando las mujeres dejan de intentar entrenar contra
su biología y empiezan a comprenderla. El cuerpo femenino no funciona igual todos los días, y eso no necesariamente es una desventaja. En muchos casos, desarrolla
mayor capacidad de adaptación, lectura corporal y regulación del esfuerzo.
Y a su vez, la montaña no siempre premia únicamente la fuerza bruta o la impulsividad. Muchas veces premia la sensibilidad,
percepción y toma de decisiones. Y ahí la experiencia femenina tiene muchísimo para aportar dado lugar al verdadero  ̈RIDING
FEMENINO ̈.

EL DEPORTE DE RIESGO. LO FEMENINO Y SU RELACIÓN CON EL MIEDO

Las hormonas no afectan solamente lo reproductivo. También participan en la
coordinación, la estabilidad articular, la regulación emocional, el metabolismo
energético y la manera en que el sistema nervioso interpreta el estrés, la percepción
del riesgo y la relación con el miedo.
En muchos deportes de riesgo, la cultura tradicional construyó una idea bastante
limitada del miedo. Durante años se valoró la capacidad de ignorarlo, anestesiarlo
o atravesarlo a cualquier costo. Como si la progresión estuviera directamente
relacionada con la capacidad de no sentir.
Pero el miedo no es necesariamente un freno, sino mas bien un signo de alarma
que llega para mostrarnos algo más.
En deportes de riesgo, el miedo no es el enemigo: es información. Y una de las
diferencias más interesantes que empiezan a mostrar muchos estudios es que las
mujeres suelen relacionarse con el riesgo de forma menos impulsiva y más analítica.
Eso no significa menor valentía. Muchas veces significa mejor lectura de
consecuencias, mayor conciencia del entorno y decisiones más estratégicas. En
montaña, donde una mala decisión puede tener consecuencias reales, esa
capacidad es un valor poderoso.

 

EL PODER DEL RIDING FEMENINO

Las mujeres aportamos otra forma de interpretar la montaña:
Más consciente, más técnica, más fluida y muchas veces más sostenible a largo plazo.
Cada vez más riders entienden que lo femenino no es una limitación dentro de la montaña. No hay una única manera válida de
habitar el riesgo, el aprendizaje, la técnica o la fortaleza. La sensibilidad, la lectura del entorno, la conciencia corporal, la
regulación emocional y la adaptación también son herramientas de alto rendimiento. El verdadero riding femenino aparece
cuando las mujeres logran dejar de copiar exactamente la forma en que los hombres hicieron este deporte durante décadas, y
pueden comprender que existen distintas maneras de desarrollar rendimiento, técnica y conexión con la montaña y logran
construir una manera propia de vivirlo.
Y cuando el diseño del aprendizaje esta medido y pensado para vos, y más mujeres se rodean de más mujeres que comparten
los mismos desafíos, se da algo MÁGICO! Como si la cadena que te sostenía, se cortara.
Un espacio donde no haga falta desconectarse del cuerpo para ser fuertes. Donde el miedo no es vergüenza. Donde la
sensibilidad no sea debilidad.
Y donde cada vez más mujeres puedan descubrir que también hay lugar para ellas en la montaña, sin dejar de ser quienes son.